La Coctelera

HORIZONTE AZUL

Deja brillar la luz del amor, en Pachuca

Categoría: Poesía

17 Septiembre 2007

SUSPIRO 46

Vino de la nada, como un extraño. Era aire contaminado, era hálito de vicio.

Vino del infierno, con hedor de azufre, cayó de los misterios y disipó lamentos.

Apenas perceptible, levantó polvo de añoranza, inaudibles sus silbidos, se llevaron la nostalgia.

En instantes confundidos llenó espacios vacíos, impuso la humedad de respiro contenido.

Doblegando esperanzas, pasó de cuarto en cuarto, hizo leves movimientos para esconderse entre las páginas.

Oculto mucho tiempo, aún pudo hacer alarde de fuerza. De este aire dulce aún aspira.

Tibio, como caricia desnuda, tocó levemente la piel fría, presumiendo su presencia.

Inquieto, libre, insano, escapó por las rendijas, entregose a las andanzas de un resuello en rebeldía.

Era un aroma de antigua dicha, lo que paseó una noche entre mis cabellos, entró sin tocar la puerta, como el triste vaho de un sueño.

Te trajo entonces de la nada, no era algo más que un lejano suspiro, el suspiro del olvido, añejado por los años, el suspiro del pasado que vive a ratos en mis letras, el suspiro acongojado de la muerte que se acerca.

25 Abril 2006

¿Qué has hecho, Leticia? Encerraste al ave. Fue posiblemente, una bella injusticia necesaria.
La ave que nido buscaba, alejada de tus espesas ramas, la volviste cercana a ti y le atrapaste con su cansado plumaje.
Hace años, le abriste la jaula, ella, bien tomó la instrucción y por tu obra quedó libre brevemente, pero atraparle por siempre hubiese sido mucha ambición.
Construiste para sus viejas alas, frágil nido, pero, Leticia, ¿qué habías hecho? Nido frágil, claro, dulce Leticia, ¿quién lo hubiera sabido?
Leticia, Árbol y Zarza, a tus espinas ataste sus plumas. En ramas de caricia hiriente, suavemente le asiste en la bruma y soledad.
El ave, al fin ave y con alas, se dejó herir de tus puntas hasta lograr soltarse y volar de nuevo, pero, Leticia, Árbol y Zarza, no hubo de qué preocuparse, pues el ave finalmente migra y vuelve periódicamente a su tiempo.
Leticia, otoño egoísta, todas sus partidas ignoraste, sin dejar de sentirlas en tus hojas, que, muy a pesar de sus bellísimos retoños, no llamaron al ave a quedarse.
Leticia, tu ave sigue buscando sueños y bien lo sabías, pero el tuyo es el único completo. Ningún nido, Leticia, como tú, Árbol y Zarza de frutos sangrantes.
Aún si el ave se alejaba por temporadas y mucho tiempo pasaba en su nido de violetas, Leticia, a tu nido regresaba, porque tus hojas siempre bellas le brindan siempre incondicional abrigo, porque tus astillas son inofensivas y de dolor nunca matan.
Pero al fin defensa de planta, te envenenaron las hojas, y al cuidado de tus frutos crecieron tus espinas. Leticia, Árbol y Zarza, el ave volvió y le atrapaste de nuevo.
Árbol y Zarza, Leticia, aprisionaste ya sus sueños y le tienes hoy masticando tus hojas, aún cuando el ave ha vivido siempre sin dueño.
¿Ya qué es de su nido de violetas?, abandonado, solo y avejentado por el paso de tanta mariposa de primavera.
¿Qué es de su nido, Árbol y Zarza, Leticia?, si ya en lo más alto de tu copa lo has prendido como un único trofeo, como premio por todos los vientos que resististe.
Allí tienes, Leticia, que eres Árbol de vida y Zarza de herida.

Sobre HORIZONTE AZUL

HORIZONTE AZUL ES UN LUGAR PARA VALORAR A LA HUMANIDAD Y SU CULTURA, PARA OPINAR SOBRE PATRIMONIO CULTURAL Y PARA RESCATAR LOS GRANDES VALORES QUE TIENE EL ESTADO DE HIDALGO, MÉXICO Y EL MUNDO ENTERO... Álvaro Ávila Cruz Free Website Counter
Web Site Counter

Categorías