Tuve que suprimir el poema “Y las canciones…” porque se prestó a inesperados equívocos. En realidad fue inspirado por Mara Valeria y el desafortunado uso que se le dio a la imagen ahí inserta, fue únicamente con la finalidad de contextualizar, en forma de alegoría, a la juventud en todo su esplendor. Corrijo y me disculpo por el origen de esos malentendidos. No quería decir abiertamente el nombre de la musa, pero las circunstancias me fuerzan a hacerlo.
Por otra parte, la ambigüedad del poema, -que en cierto modo es una fusión de varios fragmentos de otras bellísimas canciones,- resultó polémico y motivo de comentarios, tres en total, toda una marca para uno de mis posts. El blog subió de veintitantas visitas a cincuenta y tantas.

Aclarada en parte la mea culpa, relacionó el tema con algunos significados de la historia de las ideas.
Un poema no pude tener revisor ni corrector de estilo, por que perdería su esencia. Mas que una construcción o redacción de palabras y discursos, el poema es una materialización del espíritu, es hacer tangible el pensamiento y alma de un ser humano agobiado o sublimado por el mundo, que encuentra en las frases un albergue para pasar el invierno.
La ambigüedad es una arma de doble filo: si decimos Juan y María se casaron, no queda claro si la boda fue entre ellos o si cada quien se casó por su parte. Sin embargo creo que es una herramienta necesaria en una composición literaria, sobre todo para que exista un verdadero dialogo entre el escritor y el lector, mediante el código del lenguaje. No imposiciones del que escribe, sólo sugerencias para el que lee y para que éste se haga su propia representación de la idea, de acuerdo a sus expectativas y perspectivas inherentes.
Desde luego que se debe tener cierto bagaje cultural para comprender al arte y a la teoría cultural.

Insisto que las producciones culturales, respetando claro los derechos y propiedades intelectuales, se hacen para que los demás las conozcan, y si además de esto, provocan algún sentimiento, aunque sea encontrado, bienvenido sea.
En este caso me vi tentado a utilizar como contexto, una bellísima obra del pintor español Alonso Palacios titulada Massiel. Esto se debe, repito, por no tener una imagen de Mara.