LA VIDA COTIDIANA Y LOS PREJUICIOS

El presente trabajo pretende dilucidar de alguna forma, la naturaleza histórica de los prejuicios, es decir, que tan instintivo o inmanente es el prejuicio en el ser humano, y como ha sido su desarrollo, desde su gestación natural, (que cae dentro del principio del placer), hasta convertirse en construcción social regulada por el hombre como sistema de control represivo, a través de la civilización, (principio de realidad).
Para ello, haremos una revisión del capitulo tercero del texto de Agnés Heller “Historia y vida cotidiana”, que trata de los prejuicios.
Y para sustentar teóricamente el origen del prejuicio y su cambio de instintivo a civilizado, contrastamos las investigaciones de Sigmund Freud, recogidas e interpretadas por Herbert Marcuse en su libro “Eros y Civilización, una investigación filosófica sobre Freud”.
Esta conexión es pertinente, ya que Freud al dar a conocer su teoría final de los instintos, propone al individuo reprimido en una lucha constante entre vida y muerte en donde los protagonistas son soma y psique, es decir naturaleza y civilización, y de estos contrincantes el prejuicio puede tener carga ontológica de una o de otra, o bien de ambas, aunque esta última suposición dualista es harto difícil de creer porque la señalada lucha es puramente ambivalente entre vida (Eros) y el instinto de muerte (Tanatos), como bien lo explica Marcuse “…la primacía del principio del Nirvana, la aterradora convergencia del placer y la muerte, se disuelve tan pronto como es establecida”
El prejuicio. La palabra prejuicio es un sustantivo masculino, que proviene de latín praeiudicum, que origina prejudicio, y prejuicio. Es por definición, la acción y efecto de prejuzgar, y también es una idea preconcebida.
Prejuzgar es juzgar las cosas sin tener conocimiento suficiente de ellas.
De lo anterior, tenemos una primera característica del prejuicio: es necesariamente humano. Y al ser un juicio a priori, es potencialmente equívoco o acertado al azar.
No todas las generalizaciones son ciertas. Por ejemplo, al decir: “todos los jóvenes de México que usan el pelo largo son mal vivientes” es una afirmación engañosa y carente de conocimiento, es prejuzgar con una hipótesis falsa que todavía no está confirmada por un conocimiento empírico, y por tanto es un prejuicio.
Existen muchas categorías de estos pensamientos previos o también llamados pensamientos provisionales, que el individuo y los grupos han creado, modificado, sustituido, y en algunos casos, han eliminado.
Se pueden tener muchos prejuicios tanto por pertenecer a un grupo o a una comunidad, o bien por el cúmulo de experiencias personales y educativas que anclan en individuos de manera particular.
El apartado de Heller dedicado a los prejuicios, define a éstos como “categorías del pensamiento y del comportamiento cotidiano”. En donde el primero implica siempre un acto volitivo, en otras palabras una conducta, o bien un hecho involuntario, es decir, un comportamiento. Previo a esta conclusión, hay que tener en cuenta que la cotidianidad se caracteriza precisamente por su carácter momentáneo, efímero de las motivaciones, efectos y la fijación repetitiva del ritmo.
Agnés Heller señala, que existen dos formas distintas de llegar a la ultrageneralización, que es aquella característica de nuestro pensamiento y nuestro comportamiento cotidiano, a la que también podemos llamar juicio provisional o regla provisional:
Asumimos nosotros mismos, estereotipos, analogías y esquemas, o bien, el medio ambiente donde crecemos nos etiqueta dichos estereotipos, analogías y esquemas.
Y una vez que tenemos en nuestro bagaje intelectual dichos esquemas, pasa mucho tiempo para visualizarlos con actitud crítica, aunque en otras ocasiones tal actitud nunca se da, todo depende de la dinámica y capacidad de problematizar de las diferentes generaciones.
Decíamos que la ultrageneralización es un juicio provisional, porque se anticipa a la actividad y nunca se confirma con el proceso de la práctica. Estos son los juicios cotidianos. Pero no todos los juicios provisionales son prejuicios, de hecho el prejuicio es un tipo particular de juicio provisional.
Ahora, la ultrageneralización tiende a ser acertada porque si generalizamos falsamente, la actitud misma nos corregirá y formaremos un nuevo juicio provisional (ejemplo comer algo inadecuado, nos lleva a no consumirlo más).
Por otro lado, cuando los juicios provisionales han sido refutados y rebatidos por la ciencia o por la experiencia, y que a pesar de los convincentes argumentos de la razón se mantienen inconmovibles, son prejuicios.
Los prejuicios no pueden ser abolidos con la luz de la razón porque tenemos en ellos una fijación afectiva. La fe nace de la particularidad, y la confianza de la particularidad teleológica o que tiene relación con otras particularidades o individuos. La confianza descansa en el saber, en cambio la fe está en contradicción con el saber. Un juicio puede ir acompañado por fe o por confianza. Si va apareado de fe, ésta siempre se manifiesta por dos sentimientos: odio o amor, sentimientos que se extienden, en el primer caso, no sólo a aquello que odiamos, sino también a las personas que no odian lo mismo. En el segundo caso se ama a lo que se tiene fe, y por consiguiente a las personas que creen lo mismo que nosotros.

1. - División de prejuicios
Derivamos una primera división de prejuicios dependiendo si la fe genera odio (prejuicios negativos) o si genera amor (prejuicios positivos).
Ahora, este par de sentimientos divide también los prejuicios en propios (prejuicios de nuestra moral, de nuestras ideas o de los propios prejuicios) y en no propios (hacia los demás). También pueden ser individuales o sociales, Y estos últimos estereotipados o no estereotipados.
Agnés Heller da un ejemplo de prejuicio estereotipado: “El cobarde”, si un político parte del supuesto de que su contrincante ha de ser un cobarde, será inevitablemente derrotado, por subestimarlo.
2. - Sistema de prejuicios
Los prejuicios no pertenecen necesariamente a la esfera de la ciencia y del arte, aunque algunos se desarrollan en estas esferas.
Existe lo que Heller llama “falsa conciencia o falsa ideología”, la cual no es lo mismo que el sistema de prejuicios, aunque puede llegar a serlo.
Los prejuicios son obra de la misma integración social sea de la nación, o de la clase, y sirven para consolidar y mantener la estabilidad y la cohesión de la integración dada.
Cuando se relaja la cohesión económica política e ideológica de la integración social sea por luchas entre clases, éstas por partidos, y éstos por fracciones, es entonces cuando surge el desprecio del otro, fue la burguesía quien consolidó este prejuicio debido a sus intereses económicos de clase.
Y con esto queda demostrado que la fuente de los prejuicios no es necesariamente el grupo, como afirma la sociología contemporánea.
La mayoría de los prejuicios son producto de las clases dominantes, pues estas mantienen la cohesión de una estructura social.
Heller da dos ejemplos: el campesino húngaro y el obrero alemán que se lanzaron con entusiasmo a la 2ª. Guerra Mundial, fueron tipos humanos manipulados con sistemas de prejuicios.
Señala también, que la clase burguesa produce más prejuicios que todas las demás clases, debido a sus posibilidades técnicas, los burgueses aspiran a generalizar su ideología. Y con la burguesía se demuestra el cambio de prejuicios pues en sus inicios, ella, luchaba contra el Estado aristocrático, usando lo que ahora niegan, la igualdad y libertad.
3. - Los prejuicios pertenecen siempre a la esfera de la vida cotidiana
Heller asegura que sea cual sea el contenido de los prejuicios, estos caen siempre en el ámbito de la cotidianidad.
Así por ejemplo los prejuicios morales son como todos los demás, juicios falsos de valor, a los cuales solemos añadir el adjetivo de “inmoral”.
Los prejuicios de grupo son aquellos que se tienen contra los miembros de un grupo, solo por el hecho de pertenecer a ese grupo.
4. - El hombre predispuesto
Es aquel que ya está predeterminado por prejuicios. Tasa lo que tiene delante, y lo inserta en la estereotipia de grupo. Y lo hace pese a las cualidades del individuo, una vez que se está predispuesto a un juicio falso de valor, todo hombre de color o negro, es un nigger, que es una palabra despectiva para señalar a un ser inferior.
Los prejuicios sociales concretos, son en gran parte de procedencia histórica y no pueden ser eliminados, ni aún en sociedades ideales, cuando mucho sólo se podrá restringir la discriminación que produce.
5. - La moralidad de los prejuicios
Si bien, el prejuicio tiene generalmente un contenido axiológico negativo, no por eso el hombre con prejuicios es “moralmente hueco” Ni uno ni varios prejuicios bastan para hacer inmoral al hombre.
El prejuicio es sólo abstractamente considerado moralmente malo, porque “impide la autonomía del hombre” Con esto, Heller quiere decir que el prejuicio disminuye la libertad del individuo para elegir con conocimiento real y valores axiológicos apropiados, una alternativa, sólo cree lo que debe creer.
Y aquí una parte sustancial de lo vertido por Heller: El prejuicio disminuye las alternativas, pero es en sí mismo una alternativa, pues por muy difundido que sea, el prejuicio social puede o no, apropiarse individualmente, y cada cual es responsable de sus prejuicios. Preferir el prejuicio es la elección más fácil en lugar del camino difícil.
6. - Liberación del prejuicio
Heller nos dice que no hay esquema, receta, o consejo para liberarse de los prejuicios.
En todo caso retoma la sugerencia de Allport, psicólogo social norteamericano que sugiere tomar el camino difícil respecto al fácil. Es decir asumir un carácter tolerante.
Pero las ideas tolerantes son pasivas, y según palabras de Heller, la “receta liberal ofrece un medicamento que acaba con el enfermo, al mismo tiempo que con la enfermedad”.
Sólo podemos liberarnos de los prejuicios si asumimos el riesgo del error (negar confianza a nuestras ideas, en cuanto el conocimiento y la experiencia la contradigan), y abandonamos la tranquilidad y carencia de individualidad.

PRINCIPIO DE PLACER Y PRINCIPIO DE REALIDAD
Revisemos ahora, algunos conceptos relevantes de Freud, tal como lo analiza Herbert Marcuse, respecto a esta lucha infinita entre el placer y la realidad, mismos que nos darán una idea más clara del origen y proceso de los prejuicios, para llegar a algunas conclusiones más adelante.
Marcuse empieza señalando un primer punto de partida: la sustitución del principio del placer por el principio de la realidad, es el gran suceso traumático de la especie humana. Filogenéticamente (el hombre en cuanto a género), nace en la horda original, cuando el padre original monopolizaba el poder y el placer, y obligaba a los hijos a la renunciación. Ontogenéticamente (el hombre en cuanto a individuo), se da en la primera infancia, cuando los adultos imponen el principio de la realidad a los niños, como sustancia inevitable para la civilización.
De lo anterior se desprende que la represión es un fenómeno histórico. La subyugación de los instintos a los controles represivos es impuesta no por la naturaleza, sino por el hombre. Y sin lugar a dudas los prejuicios son un sistema de control represivo.
El principio del placer es el Eros, la vida, la naturaleza, en tanto el principio de la realidad es Tanatos, la civilización, lo artificial.
El animal hombre llega a ser humano, sólo por la transformación de la naturaleza, esto es el cambio del principio del placer, al principio de la realidad. Es decir se pasa del placer del gozo, del juego, de la ausencia de represión, al trabajo, la restricción, la productividad.
En otras palabras, el hombre aprende a cambiar el placer inmediato, al placer o restricción retardada.
Y con este cambio de principios, el hombre pasa de un mero impulso animal, a un “ego organizado” Desarrolla la razón, lucha por lo útil, distingue entre lo bueno y lo malo, verdadero y falso.
1. - Individuo y sociedad reprimidos
Al investigar Freud sobre el desarrollo de la represión de la estructura instintiva del individuo, encontró una topología tripartita del individuo, el yo (parte consciente), ello (parte socializada), y el superello.
El ello es el dominio del inconsciente, está libre de formas y principios, no conoce ni el bien y el mal, no tiene moral. El yo por su parte, es el mediador entre el ello y el mundo exterior. En tanto el superego, (super ello), asimila cierto número de influjos sociales y culturales, hasta que se afirma como el representante de la moral establecida. Para reforzar esta idea, Marcuse cita a Franz Alexander (cuyo libro se llama “El psicoanálisis y la personalidad total”), quien asegura que las restricciones son introyectadas en el ego y llegan a ser su conciencia y genera el sentido de culpa al desear transgredir esas restricciones, y se castiga a sí mismo.
2.-La dominación.
La dominación difiere del ejercicio racional de la autoridad. Es ejercida por un grupo o individuo particular para sostenerse y afirmarse a sí mismo en una posición privilegiada.
Los diferentes modos de dominación, tanto del hombre (social) como de la naturaleza (científica) dan lugar a varias formas históricas del principio de la realidad. Y es por ello que la represión es diferente en cada grupo social.
3.- Percepción del mundo
La forma de captar el mundo es a través de los sentidos, en ellos desarrollamos el placer. La vista y el oído son los más usados, pero el olfato y el gusto son más corporales y análogos al placer sexual.
Quienes son contingentes, en otras palabras desexualizados, tienen prejuicios por quienes son más erotizados, o tienen expresiones de tipo “animal natural”
Las regulaciones estrictas se dan cuando se tiene miedo, por parte de quien detenta los sistemas de control, de que los oprimidos inicien una revuelta. Esto es lo que hace más o menos la civilización ante la sexualidad.
La civilización según Freud, inicia con la inhibición metódica de los instintos primarios, a través de la moral, y las desviaciones del modelo son censuradas tanto en la familia como en la sociedad.

DEDUCCIONES DE LAS REFLEXIONES PRECEDENTES
De los dos planteamientos teóricos, desarrollados en las entregas anteriores, podemos derivar un entrelazamiento pertinente para averiguar el origen y desarrollo de los prejuicios humanos.
Agnés Heller, en su análisis ya comentado, dice que el prejuicio es un pensamiento momentáneo o juicio provisional repetitivo que implica un acto. Estos pensamientos son introyectados por uno mismo o por el medio ambiente, como restricciones que se depositan en el ego, que según Freud, es el mediador entre el inconsciente y el mundo exterior. Pero no todos estos pensamientos son prejuicios, sólo aquellos que a pesar de la luz convincente de la razón se mantienen inmóviles.
Tenemos por tanto que los prejuicios sociales son de procedencia histórica, en tanto que la sociedad humana empezó a sustituir el principio del placer (lo natural), por el principio de la realidad (lo artificial, la civilización).
Esto si bien, fue el gran suceso traumático de la especie, (la represión como fenómeno histórico), es lo que ha permitido la supervivencia, por lo que también es un principio natural (placer a largo tiempo).
Algunos grupos humanos fueron, desde sus orígenes, dados a discriminar a quienes no eran como ellos. De aquí nacieron las clases sociales, y de éstas, fueron las dominantes, las que mayor creación de prejuicios ha generado, esto con la finalidad de conservar sus privilegios. Así hubo prejuicios religiosos, étnicos, de estirpe, racistas, sexuales, familiares, prejuicios en función de la economía, de apreciación estética, culturales, científicos, políticos y un sinfín de ámbitos dispares donde podemos localizar tintes prejuiciosos, tales como en la lingüística, el carácter, personalidad, moral, idiosincrasia, indumentaria, alimentación, y todas las materias que las humanidades, como la antropología, la historia, sociología, etnología, derecho y otras, aporten.

Para explicitar más el carácter histórico de los prejuicios, retomemos algunos ejemplos que da Daniel Fabre en el desarrollo de su tema “Familias, lo privado contra la costumbre”:
En 1740, en Francia (el ejemplo es válido, pues es un Estado con importantes cambios sociales), había las costumbres permitidas de los mayos, las cencerradas, o el paseo del asno, que se imponían a quien se salía de las normas consuetudinarias, esta befa, (grosera expresión de desprecio), servía como sistema represivo, y los ejemplos son los siguientes:
Los mayos eran ofrendas florales burlescas en las ventanas de chicas que no se resistían a los galanteos, o cuyo honor estaba en entre dicho.
Desde luego un valor alto era la virginidad femenina, pero también se aplicaba la befa a quienes por su vestido, lenguaje o débiles maneras de resistirse a los flirteos e invitaciones para tener relaciones amorosas, rompían las costumbres populares.
El paseo en asno se imponía, a quienes contraían segundas nupcias, (Fabre da el ejemplo de un joven que se casó con una señora de 60 años en 1818), o a los hombres que eran golpeados por una mujer, (otro ejemplo es el de una señora que sacó a golpes a su marido del bar). En estos casos se hacía la farsa, caracterizada por actores con disfraces que recorrían todo el pueblo encima del asno, entre carcajadas de los moradores.
Para los maridos engañados se erigieron los Tribunales de los Cuernos, y las Sociedades Asnales. En algunos casos las mujeres también censuraban a otras, como queriendo defender el honor propio.
Las cencerradas eran algarazas o befas rituales, con canciones burlonas, acciones de desprecio y libelos. En algunos otros casos se aplicaba la cencerrada a las prostitutas o las adulteras, a quienes se les untaba miel y después revolcaban en plumas, y en ocasiones también se les rapaba.
En otros casos, el cura se negaba enterrar a los libertinos, (los que vivían en desmesura, el abandono, el azar, la negación de la virtud y del ahorro, que eran valores capitales).
También eran objeto de burla, los hombres con profesiones femeninas como los sastres. Corrían la misma suerte los amancebados, o las mujeres que tenían embarazos ilegítimos.
En Alemania se castigaba además la homosexualidad, la poligamia, el incesto y la sodomía.
Todas estas desviaciones de la costumbre, están revestidas de prejuicios, porque, como ya dijimos, el prejuicio nace del instinto y se desarrolla en la civilización, (del placer a la realidad), con la finalidad de preservar a la especie. El hombre tiene celos (estos entendidos como el rechazo a la desfloración y/o adulterio de su esposa), porque los hijos que tenga con la mujer deben ser suyos, con la esperanza de pervivir de ese modo. Sin embargo si no son suyos, muere del todo ese individuo.
Otro caso es la homosexualidad, la práctica está prejuiciada porque rompe el instinto natural de reproducción.
El machismo, que tiene sustancia de los dos puntos anteriores, también tiene que ver con la preservación y con el principio del placer. Cuando el padre original (de la horda original freudiana), era el poseedor de las mujeres y no trabajaba por ser él más fuerte, y los hijos tenían que procurar vestido y alimento para él, de esta desigualdad nació el rencor histórico, el asesinato del padre original, la suplantación de los hijos y de todo esto la culpa original o el remordimiento histórico.
Pasemos ahora a revisar el honor y los valores.
Históricamente los valores han sido la honestidad, la sociedad, el ardor en el trabajo, el pudor, el compañerismo entre otros, pero sobre todo en las sociedades muy civilizadas, el honor.
Nos ilustra Arlette Farge en “Familias el honor y el secreto” con algunos ejemplos en Francia del siglo XVIII: los artesanos que se desviaban de los valores antes señalados, y por ende veían mancillado su honor, sufrían como consecuencias el que se les marchara la clientela, e incluso que los aprendices se alejaban de sus talleres.
Se encarcelaba al marido borracho, y entre otras penas publicas que se imponían, estaba la fijación de la sentencia en sitio concurrido o se daban azotes.
Todo esto se hacia, según Arlette Farge, en aras de la civilización.
El hombre civilizado es para el famoso pensador Norbert Elías, hombre cultivado, bien criado o cortés. Es decir aquel que tiene temperancia de costumbres, urbanidad, cortesía, en contraposición al hombre natural, salvaje, incivilizado.
Finalmente diremos, que el código civil francés de 1803 prohibió las hogueras y las penas rituales o befas, sin embargo siguieron vigentes las Lettres de cachet, que eran ordenanzas para la familia.
Hasta aquí hemos visto que quien se aparta de los paradigmas, sufre befas infamantes. Los seres distintos son objeto de prejuicios, sea por su fealdad, que resulta siempre de una apreciación subjetiva y prejuiciosa, su color, su pensamiento, sus conductas atípicas o por numerosas características de pensamiento o acción que los grupos dominantes definen como impropias, prejuzgadas por métodos de poco a nada científicos.
Existen muchas categorías de estos pensamientos provisionales y que pese a la luz de la razón se mantienes inconmovibles y que necesariamente implican actos que van encaminados, como ya vimos, al rechazo, a la befa, o a muchas conductas más. Históricamente hay abundancia de ejemplos, algunos relevantes son los siguientes.

PENSAMIENTO ACTO

Odio a los judíos Exterminio – holocausto
Sentimiento de superioridad del hombre blanco Esclavitud, explotación, discriminación
El indio americano practicaba religiones demoníacas Colonización, evangelización, conquista, Santa Inquisición, guerras
La mujer es un objeto sexual Bailarinas, prostitución, violación, acoso, modas, concursos de belleza, tratamientos, gimnasios
La mujer moderna debe ser delgada Anorexia, bulimia, frustración, suicidios
Las enfermedades están en la sangre Sangrías y otras prácticas no científicas
La virginidad es sinónimo de valor de la mujer Repudio, burla, desprecio, seducción, casarse de blanco, poner la sábana nupcial en el balcón
Los que no hablan lenguas importantes (ingles, francés) no son cultos Imposición de terminología técnica en lengua extranjera, enseñanza de idiomas
En la ciudad se vive mejor, respecto al campo Superpoblación, producción agrícola deficiente, migración
El status lo da los bienes materiales Consumismo, olvido de la espiritualidad, ambición, comisión de delitos patrimoniales como peculado, entre otros
La homosexualidad es pecado Homicidios, discriminación, intolerancia
El capitalismo, neoliberalismo, la burguesía, es lo mejor para las sociedades. Revoluciones, leyes, lucha de clases, dominación, imperialismo.

CONCLUSION FINAL.
Por todo lo anteriormente desarrollado, podemos inferir algunos puntos finales.
El hombre primitivo no podía distinguir entre el bien y el mal, sin embargo supo naturalmente entre otras cosas, que podía comer sólo otras especies vivas, no a un semejante. Nace un primer prejuicio, que resultó a la larga vital para la continuidad de la especie.
A medida de que el instinto fue sustituido por la civilización, nacieron los prejuicios sociales mismos que permitieron la continuidad, evolución y perfeccionamiento del hombre. En tanto las sociedades se vuelven más complejas, surge una serie de prejuicios más sofisticados, si bien no todos los prejuicios son “moralmente malos”.
Los prejuicios son pensamientos provisionales, surgidos con y en el instinto de manera natural según el principio del placer, que se volvieron necesarios y por tanto artificiales de acuerdo al principio de la realidad
La liberación de prejuicios, solo se logra con generaciones dinámicas, aquellas que en lugar de tener fe, tienen confianza en la luz de la razón y la calidez de los sentimientos.

BIBLIOGRAFÍA
Heller, Agnes, Historia y vida cotidiana,
México, Grijalbo, 1972.
Marcuse, Herbert, Eros y Civilización, una investigación
Filosófica de Freud. Traducción de
Juan Gracia Ponce, México, 1969
Duby, George, Historia de la vida privada. Vol. VI
Madrid, Ediciones Taurus.
Huizinga, Johan, Homo Ludens,
Alianza Editorial, Madrid, España, 1998