Los trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia Delegación Hidalgo cumpliendo con uno de los objetivos sustantivos del Instituto que es la preservación del patrimonio cultural intangible del estado de Hidalgo, han montado cuatro altares de muertos en los siguientes recintos bajo custodia del INAH:

Ex convento de San Nicolás de Tolentino en Actopan, Hidalgo.

Sala Guadalupe Mastache de la zona arqueológica de Tula, Hidalgo.

Ex convento de San Andrés de Epazoyucan, Hidalgo.

Ex convento de San Francisco en Pachuca, Hidalgo.

La fiesta de muertos es una tradición muy antigua en México y es producto sincrético de las costumbres prehispánica y española. La celebración coincide también con el fin del ciclo agrícola del maíz y de otras plantas imprescindibles en la alimentación de nuestros pueblos.

La fiesta comienza el día primero de noviembre o Todos Santos en donde se reciben a los niños o angelitos muertos, con dulces, pan y juguetes. El día dos se conmemora a los adultos o Fieles Difuntos, en tanto el día 18 de octubre se dedica a los muertos en desgracia.

Los altares se componen de dos o tres niveles en donde se colocan utensilios, adornos, floreros, papel picado, flores, alimentos, bebidas, velas, imágenes de santos, calaveritas de azúcar, vasos con agua, fotografías y efectos personales de los finados. Los niveles tienen que ver con los cuatro elementos existentes en los dos mundos el cielo y la tierra, es decir fuego y aire en el primer caso, y tierra y agua en el segundo. Entre los nahuas estaba el supramundo el tlaxicco y el inframundo para ellos del modo de morir dependía su destino final, así los que morían por una causa relacionada con el agua iban al tlalocan. Los altares se complementan con un caminito de pétalos de flor de cempoalxochitl que van desde el altar hasta la calle y sirven de guía a las ánimas para que encuentren la ofrenda dedicada a ellos.

La festividad varía dependiendo de la región donde se desarrolla, por ejemplo, en algunos lugares del Valle del Mezquital la ofrenda se pone sobre petates de palma y se emplea loza de barro para los alimentos, las flores y el incienso o copal, mientras que se reciben a los muertos con repique de campanas y cohetes a las doce del día. En San Bartolo Tutotepec se acostumbraba en estos días desenterrar a los parientes muertos, comer junto a los restos y al finalizar se volvían a enterrar en el panteón del lugar, costumbre que fue erradicada por insalubre.

Por otra parte durante el xantolo (Fiesta de Todos Santos) de la huasteca se colocan arcos con ramas verdes sobre una mesa cubierta con un mantel.

Esta festividad es de mucha importancia económica pues la gente vende su cosecha y compra lo necesario para agasajar a sus muertos con aguardiente, zacahuil (tamal salado) o xohol (tamal endulzado), entre otras viandas típicas de la región. En algunas partes jóvenes danzantes disfrazados bailan al son de la jaranita, guitarra y violín. Todo con el fin de alegrar a los que se nos han adelantado.

Los cuatro altares aludidos tienen características regionales, el de Tula es una ofrenda hñahñú y se inaugura el jueves 30 de octubre de 2008 a las doce horas. La de Actopan se abre al público a partir del viernes 31 de octubre al igual que la de Epazoyucan. La de Pachuca que está dedicada al Valle del Mezquital se inaugura el viernes 31 a las 13 horas. Es la primera vez que los trabajadores del INAH montan altares en los espacios que resguarda el Centro INAH Hidalgo.